Ignacio Barceló
Ignacio Barceló junto a una de sus obras

Sobre

Estudié filosofía. En 2013 sentí un llamado que no pude ignorar: la necesidad de dibujar.

Lo que me mueve a crear es la necesidad de marcar superficies, una mezcla de impulsos: color, dibujo, escritura. No planeo demasiado. Más bien reacciono a lo que emerge, como una danza que se construye a sí misma. Hay algo de lenguaje ahí, un idioma oculto, previo al plano de las palabras. La filosofía me enseñó que lo que buscaba no estaba en los conceptos, sino en algo anterior, intuitivo.

Comencé desde lo figurativo, con retratos, pero gradualmente derivé hacia la escritura asémica. Mientras dibujo siento que escribo, y mientras pinto siento que dibujo. Ahora transito entre la abstracción y figuras que aparecen de vez en cuando: pájaros, perros, gallinas, árboles, cerros.

Caminar es mi gran catalizador. Sentir el aire, la temperatura, la humedad. Todo eso va apareciendo en la obra.

Desde 2020 vivo a las afueras de Concepción, rodeado de bosque, animales y familia. Mi obra nació en la ciudad, caminando solo entre autos y edificios. Algo cambió cuando me vine al campo. Ser testigo de la libertad creativa con la que vive un niño le está dando un nuevo giro a mi trabajo, una energía que sigo explorando.

Trabajo con mi esposa Maca, que hace joyas y acompaña procesos como coach ontológica. Creamos desde el mismo lugar, cada uno en lo suyo, y a veces juntos.

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